domingo, 6 de diciembre de 2009

Seis poetisas griegas- Carolina Ponce Hernández





I. Safo

Cuando se habla de mujeres que escribieron poesía en la Grecia antigua, inmediatamente surge el nombre de Safo y las leyendas que en torno a ella se han elaborado. Alrededor del año 630, antes de Cristo, nació en la isla de Lesbos. No hay seguridad en cuanto a su ciudad de origen, por lo que aún se discute si es originaria de Erso o de Mitilene - en la que transcurrió la mayor parte de su vida.
Los investigadores nos informan que estuvo en Sicilia entre 604-603 antes de Cristo y 596-595 antes de Cristo exiliada y, como dato dudoso, que se casó con Cercilas, comerciante de la isla de Andros. Tuvo una hija, Cleis o Cleide, a la que, como puede verse, tenía un profundo amor.

Tengo una niña linda
con la hermosura
de las flores de oro,
Cleide, mi encanto.
Por ella yo daría
la Lidia entera y mi tierra querida.

No llores, Cleide:
donde se honra a las musas
no se permiten
trenos, en nuestra casa no sientan bien.

Cuanto se ha dicho desde la Antigüedad sobre ella, es discutible, aunque parezca verosímil; creo que casi nada ha sido comprobado, excepto lo que está escrito en su propia obra. Se supones que pertenecieron a la aristocracia local por dos datos: a) era amiga de Alceo, un aristócrata amigo de tiranos, quienes en aquellos momentos hacían revoluciones en muchas ciudades de mundo griego para ya derrocar a los ineficaces reyes; b) vivía en una casa donde se honraba a las musas, y donde los jóvenes de regiones cercanas iban a aprender, lo cual suponía un fenómeno de las "aristai" más que de las clases populares.
Sin embargo, de lo que nos llega de su obra sólo hay un fragmento que pudiera tal vez hacer una referencia indirecta a un posible familiar del tirano Pitaco. Subrayo las palabras para que se vea cuán frágiles y tenebrosas son, a veces, las discusiones de los eruditos. Lo único que podemos desprender de un poema - es que estaba rodeada de muchachas (frs. 5, 6, 7, 8, 14, 19,25, y otros), y que, como ya se vio, su casa lo era de las musas.
No sabemos si se casó o no. Tenemos la certeza de que Cleide fue su hija. Además tuvo un hermano (fr. 3):

"Cipria y Nereides, otorgadme
que vuelva acá mi hermano incólume,
y que se cumpla todo cuanto
quisiera en su alma que ocurriese (...)

Menciona a su madre:

(a)

"Pues mi madre solía decir
que en su tiempo, si una llevaba
el pelo envuelto en un turbante
de tonos brillantes, sin duda
que eso era muy grande adorno(...)

(b)

Yo para ti, Cliede, no tengo
ningún pañuelo de colores
ni sé donde pueda encontrarse.

¡Cuál es nuestro oficio frente a Safo? Leer lo poco que de ella tenemos y encontrar la belleza de su quehacer poético. Hay en Safo, - en la primera poetisa que conocemos de la literatura occidental -, valores y aciertos que la elevan al grupo de los grandes poetas líricos. El uso de los distintos metros, la creación de la estrofa sáfica y, como dicen los conocedores, el manejo de ritmos en su dialecto eólico con las aliteraciones, las enumeraciones, el dialogismo, las interrogaciones, las descripciones breves pero precisas y originales, la colocan en un lugar importante en la lista de los líricos arcaicos. Y esto era reconocido por los antiguos; no olvidemos que Platón la llamó la "Décima musa".
El lector de la obra de Safo en traducción española (hay buenas versiones como la de Juan Ferraté en España o la de Carlos Montemayor en México) puede apreciar la sensibilidad de la escritora, por ejemplo en sus expresiones de súplica a Afrodita, la diosa del amor, para que la auxilie (poema 1 y fr, 2); en las de pena por la separación. "De veras, quisera estar muerta /(...) Ella, al dejarme ,/ vertió muchas lágrimas (...) (fr.6); cuando recuerda a sus amigas o piensa que la recuerdan: "Ella a menudo en Sardis, / tendrá su pensamiento, puesto aquí" (fr. 7); y yo, contestando, le dije: / "Ve en paz y recuérdame./ Pues sabes el ansia/ con que te he mimado./ Y por si no, quiero/ recordarte.. y cuanto gozamos". (fr. 6)
La sensibilidad de Safo muestra la delicadeza de sus sentimientos: nada hay vulgar o desagradable, le molestan y no usa palabras obscenas o escatológicas (fr.27); si piensa en la vejez y en la muerte: la primera impide que una mujer vieja se case con un joven (fr.22), y la segunda, ¿es un deseo? : "Y un ansia me está cogiendo / de estar muerta y ver los lotos / empapados de rocío/ a orillas del Aqueronte.
Pero ya sabemos que el gran tema de Safo es el amor, y que fue a partir de sus versos amorosos que se creó la imagen de "lesbiana", esa mujer de la isla de Lesbos que amó a las muchachas que estaban en la casa de las musas. Ya en la Asamblea de la mujeres, comedia de Aristófanes, unos doscientos años después de Safo, el cómico hace burlas de las mujeres de Lesbos: las espartanas, las atenienses, etcétera, deben cuidarse de ellas. Sin embargo, no olvidemos que la comedia antigua y media hizo gran parte de sus chistes destruyendo reputaciones y atacando personalidades, tanto de sus contemporáneos como de los griegos anteriores. Cuánto de lo que se decía era verdad, tendría que estudiarse en cada caso.
Sin duda, desde la Antigüedad hasta nuestro días, desde Aristófanes, Séneca y San Agustín hasta Wilamowitz o Jaegger, pasando por Mirabeau y llegando a Fernández-Galiaao, todo tipo de críticas posiciones al respecto se han presentado y defendido; la mayoría de ellas acepta el homo sexualismo de Safo, pero dándole diversas interpretaciones; muy pocos (Wilamowitz) consideran que los textos pueden ser vistos y estudiados sin necesidad de arrojar sobre ellos "la mancha de la perversión sexual".
En realidad a mí no me interesa ni me preocupa el posible lesbianismo de Safo. De cualquier manera, su poesía está ahí reluciendo en todo su antiguo esplendor: dice las cosas sin rebuscamientos, tal como las siente, encontrando símiles en una naturaleza cercana y conocida por todos (el griego del siglo VII antes de Cristo, y el mexicano de 1996):

Estrella de la tarde, que a casa llevas
cuanto dispersó la Aurora clara
llevas a casa a la oveja
llevas a casa a la cabra,
y de la madre a la hija separas.
Como la manzana que, roja, se empina en la alta rama,
en lo alto de la rama más alta (...)
Con el jacinto que en el monte, el pastor
pisa con el pie (...)
Y cuando pinta el amor puedo afirmar
que es completamente femenina (...)

Yo no sé si los hombres sienten de la misma manera; puede ser, ya que Catulo la reinterpretaba muy bien (poema 51). El autor de Sobre lo sublime examina el fragmento de Safo anotando la enumeración y dice: "(...) para nosotros la causa de lo sublime sería el poder elegir siempre entre los elementos inherentes a los más importantes y hacerlos formar, mediante una superposición sucesiva como un solo cuerpo (...)" Así, Safo señala en todos los casos las emociones que acompañan la locura amorosa, partiendo de los síntomas y de la verdad misma de la pasión.
Mas, ¿en qué demuestra ella su destreza? En su poder para elegir primero los más sobresalientes y los más tensos de ellos, para unirlos después unos a otros. Vaya aquí cómo se expresa por primera vez en la literatura occidental este conjunto de versos que es uno de los tópicos (con suma de tópicos particulares) más usados en la poesía amatoria.

Me parece igual de un dios, el hombre
que frente a ti se sienta y tan cerca
te escucha absorto hablarle con dulzura
y reírte con amor
Eso, no miento, no, me sobresalta
dentro del pecho el corazón: pues cuando
te miro un sólo instante dentro ya no puedo
decir ni una palabra
La lengua se me hiela y un sutil
fuego no tarda en recorrer mi piel,
mis ojos no ven anada, y el oído
me zumba, un sudor
frío me cubre, y un temblor me agita
todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,
pálida, y siento que me falta poco
para quedarme muerta.

Y llegan los análisis psiquiátricos del poema y la autora: arritmia cardíaca, inhibición del habla, perturbación visual, etcétera, que nos hablan de "un ataque de ansiedad"; pero nosotras sabemos que es la fiel y magistral pintura de las sensaciones de una mujer, en un momento especial, frente a la persona amada; y quien no lo entiende por no haberlo experimentado es que todavía le falta bastante que vivir.
Si para algunos lo más importante es la guerra y para otros la navegación y el comercio, para Safo lo más importante es el amor y la persona amada, "ver su andar amable/ y el brillo chispeante de su cara (...) (fr.5).
Y es muy cierto que Eros nos sacude el alma "como un viento que en el monte / sobre los árboles cae (fr.29), y nos afloja los miembros por completo "dulce, amargo, irresistible (...)". Por el amor la hija abandona a la madre y ya no puede poner atención a su labor (fr.29), y se hacen las bodas, para las que Safo escribe los epitalamios contándonos cómo los jóvenes cantaban toda la noche para los novios, y en esa noche no se veían sueño (fr.33).
Las muchachas se adornan con guirnaldas de violetas y rosas, frotan el cuerpo con perfume, se trenzan el cabello con vástago de anís, y cantan acompañadas de la delicada flauta, la lira y los crótalos para que su voz aguda llegue hasta el cielo mezclada con la bella voz penetrante de los hombres, en tanto que todo se inunde de aroma de mirra, canela e incienso (frs. 6, 19 y 41).
La poetisa Nóside, trescientos años después y desde Italia le mandó un epigrama:

Si navegas, viajero, a gozar en las Gracias floridas
de Safo en Mitilene, la de los bellos coros,
parte a decirles que adicta a las musas y a ella
Lócride me engendró, y es Nóside mi nombre.

Para alguien que lee sólo traducciones puede parecer demasiado simple y coloquial la poesía de Safo; debemos advertir que este tipo de poesía, casi toda monódica, de una sola voz, tenía e ritmo, la melodía y la sonoridad que prestaban la combinación de sílabas largas y breves y la distribución de los acentos; además de ser acompañada por los acordes de la lira. El conjunto presentaba, con seguridad, una armonía que acaso lejanamente podamos imaginar.
Y para despedirnos de Safo, el fragmento diez:

Las estrellas que cercan la luna
atrás ocultan su luciente cara,
cuando está llena y más que nunca brilla
sobre la tierra (...)


II. Corina, Erina, Nóside y Ánite

Catálogos, antologìas y estudios eruditos de Alejandría en adelante, nos mencionan nombres de bastante poetisas, sin embargo sólo de algunas de ellas nos llegan unos cuantos versos: de Erina, Corina, Mero, Nóside y Ánite.
A las dos primeras intentan algunos colocarlas en la época de Safo, y a casi todas quieren hacerlas de Mitilene. He allí un ejemplo de hasta donde puede un elemento dominante jalar con su fuerza de atracción a los más pequeños. Los estudios recientes dicen, yo no sé por qué, que era obscena y grosera. Los dos fragmentos que leo no dan pie para tales afirmaciones y casi para ninguna otra.
De Erina dicen que escribió trescientos hexámetros y algunos epigramas. Toda su producción tuvo una ran figura central: Báucide, su amiga que recién casada y jovencita murió. También Erina murió muy joven.
Con los escasos datos anteriores tenemos, como lo confirman los textos, que los dos epigramas son epitafios para Báucide; que el poema en hexámetro, “la rueca” había de muchachas dedicadas a labores domésticas. Los epitafios siguen los tópicos clásicos que han perdurado por dos mil quinientos años (por lo menos): se informa al que pasa que ahí están los restos, en este caso de cenizas, de alguien, y se especifica algún dato personal del muertito:

Oh, sirenas y estela funérea que guardas
Para Hades mis exiguas cenizas. Al que cerca
De mi túmulo, sea paisano o venido de alguna otra ciudad,
Pasare, saludadle y decidle que la tumba de una joven
Casada recubre y que sepa,
Explicádselo así, que me llamó Báucide
Mi padre, quien en mi sepulcro grabó este epitafio.

Notemos el elemento de las sirenas que adornaban la urna como un símbolo de encantamientos para llegar al otro mundo, de donde ya no se puede egresar. Notemos, además, el elemento sentimental en la relación amistosa que debió ser profunda entre Báucide y Erina.
Al que nos llega de Erina no puede considerarse original, sin embargo, nos demuestra una educación “intelectual” que la posibilitó para elaborar bien su poesía con los rasgos característicos del epigrama: dar una información concisa y precisa, pero individualizando y poniendo un toque emotivo.
Mero fue esposa de un filólogo y madre de un escritor de tragedias al que llamaron Homero; todo lo cual indica cómo campeaban las letras en su círculo familiar. Se dice que escribió un himno épico, poemas líricos y otras cosas, pero no sólo nos llegaron dos epigramas y ambos fueron hechos para acompañar sendas ofrendas: el primero, un racimo de uvas que se entregó en el templo de Afrodita; el segundo, unas estatuillas dedicadas a las ninfas. Esto último fue un encargo que Clónimo hizo a la poetisa; ¿le pagarían por ello o fue un mero favor? Parece más bien lo primeo, porque este tipo de trabajos era usual y, como veremos con los restantes epigramistas, podría considerarse como una profesión.

Salud, Hamadriades, ninfas del río, que siemrpe
Recorréis, inmortales, con vuestros pies rosados
Nuestras frondas; guardad a Cleónimo hermosas
Estatuas, oh deidades, en el pinar consagra.

Nóside fue del sur de Italia, de la Lócride, y vivió el enfrentamiento de los locros contra los bretios (del Bruttium), alrededor del 280 antes de Cristo, donde vencieron los primeros, así que los bretios tuvieron que arrojar sus escudos para huir. Se percibe que en todo el epigrama el tono del poeta arcaico Arquíloco. Nóside dice;

De sus tristes espaldas las armas tiraron los Bretios
Heridos por las manos de los ágiles Locros,
Y ahora en el templo divino ellas cantan su hazaña
Sin echar de menos aquellos viles brazos.

La adjetivación es precisa y bien lograda; tristes espaldas de los vencidos, manos de los ágiles vencedores; la prosopopeya con ecos de metáfora es afortunada: ellas, las armas, cantan y no extrañan a los vencidos.
El epigrama personal en que ofrece una prenda a Hera Lacinia, la diosa de los partos, es interesante por el contenido de puros elementos femeninos. En él nos presenta su línea familiar únicamente a través de las figuras de sus antecesoras; su abuela y su madre:

Tú, que el Lacinio oloroso a menudo contemplas
Desde los cielos, Hera venerable, reibe
El ropaje de lino que a ti de Cléoca ofrece,
La excelente Teofilide, con Nóside, su hija.

Cuatro epitafios van acompañando retratos de jovencitas, en cuadros que se confunden con la realidad; la gracia, la dulzura y la belleza se cantan al mismo tiempo que le vida honesta, la alegría y los buenos padres. Pero, entre el resto destaca, sin duda, el epitafio escrito a Rintón, quien componía parodias de tragedias;
Acompaña, al pasar junto a mí, tu amistoso saludo
Con una carcajada; soy Rintón, siracosio,
ruiseñor de las musas humildes, pero he cosechado
con parodias trágicas mi ramita de yedra.

Epitafio original que solicita carcajadas y no lágrimas, como que está dedicado a un escritor de parodias, hombre amable y sencillo que no se vanagloria de ser “grande”, sino sólo un humilde ruiseñor que pide su amita, no de laurel sino de yedra.
De las poetisas griegas nos ha llegado un solo epigrama para un prostituta y no es de Nóside:

Vayamos al templo y veamos qué artística queda
La imagen de Afrodita con su ornato de oro.
Poliárquide fue quien la trajo, que mucho ganara
Gracias a la belleza de su propio cuerpo.

Los ecos de Safo se dejan oír cuando dice: “nada excede al amor en dulzura, y no hay dicha ninguna/ que aventajarle pueda, ni la miel en la boca (…)
En mi opinión después de Safo y conociendo lo poco que de ellas nos ha llegado, la más original es Nóside, ya que muestra rasgos de ingenio, de humor; una apreciación más popular en que la percibe una postura de cierto juicio crítico frente al hecho que describe. No dejo de reconocer, sin embargo, que Erina, Ánite y Mero son más citadas por sus contemporáneos e incluso los estudiosos actuales hablan de las influencias de éstas en el resto de los escritores de epigramas. Quizá por eso mismo, encuentro esa pequeña diferencia.
Ánite es de quien más epigramas tenemos – veinticuatro -, de los cuales veinte es seguro que sean de ella y cuatro están en duda. De Nóside son doce, de Mero son dos y tres de Erina. Los datos biográficos de Ánite son todos inciertos, tal vez lo único probable es que vivió por 300 antes de Cristo en un lugar donde se rendía culto especial a Pan.
Algunos de sus epigramas son para ofrendar fuentes o estatuas; hay otros para ofrendar objetos como una lanza o un caldero, y otros son epitafios; cuatro dedicados a jovencitas, otros a hombres y otros - ¡época helenística! – a animales, como es el caso de una perra mordida por una víbora, o un gallo que ya no agitará más las alas, o un delfín fanfarrón arrojado a la suave playa por la “purpúrea marea del ponto”. Hay también descripciones de pinturas de niños jugando con animales.
Sin embargo, sucede que si de Ánite tenemos más epigramas, es de la que menos sabemos, ya que nunca menciona nada sobre sí misma. ¿Sería acaso ese tipo de mujer que se limita a hacer todo el trabajo que le encargan, pero que no utiliza su instrumento de expresión para comunica algo suyo, personal? Es seguro que era una profesional solicitada y que dominaba ese oficio de los versos por encomienda, pues encontramos sencillez, precisión y manejo del detalle exacto para pintar cada intención:

Queda aquí, lanza homicida, y no vieras más triste
sangre de enemigos con tu garra de bronce;
de Atenea descansa en el alto santuario marmóreo
y el valor pregona del crete de Equecrátides.

La adjetivación de lanza homicida era muy común en Grecia, en cambio la figura de “garra de bronce” muestra cierta originalidad:

A cambio del lecho nupcial y el solemne himeneo,
Tu m adre ha puesto encima de tu marmórea tumba
Una virgen ¡oh Tersis!, que tiene tu talla y tu belleza;
Y así, aún después de muerta, diríase que hablas.

El epitafio anterior dedicado a la doncella Tersis, aunque bien construidos, no pasa de ser una repetición de esos lugares comunes que mencionan, a petición de la madre, la estatua de “tamaño original” con que se adorna a la tumba.
Mejor logado es el epigrama que dialoga con la estatua de Pan a quien está dirigido. La forma espontánea con que se habla a ese dios travieso y bromista del bosque, recuerda el tono coloquial de plática entre amigos;

-¿Por qué solitario en la selva frondosa te sientas,
Pan rústico, a tañer esa dulce caña?
-Así vagará en estos montes que baña el rocío
la ternera paciendo los esbeltos tallos.

Si alguna de nuestras poetisas tuvo “vena” que pudiéramos llamar campirana o campestre, ésa es sin duda Ánite, quien a pesar de ello suele usar los recursos eternos, sacados de la lista de tópicos, para hacer sus pinturas; huertos floridos, mar canoso, viajero cansado, limpia fuente, agua fresca, verdes hojas, el fresco licor de la fuente, deleitoso refrigerio en el verano, el descansar tendido bajo el laurel o el álamo, etcétera.
Distinguiendo a Safo, que ocupa su lugar entre los mejores poetas líricos, las demás – por lo que podemos conocer de ellas – tienen su lugar a la par en el numeroso grupo de epigramistas helenísticos, con sus claras excepciones. Como todos repiten los tópicos comunes, las adjetivaciones son conocidas; muy de vez en cuando se encuentra un giro original o un tono personal más profundo. Podría añadir el hecho de que fueran mujeres en una sociedad “machista”, les daba una connotación especial, porque significa que estudiaron y escribieron demostrando de esa manera una capacidad y una fuerza de lucha que cristalizó en su actitud y en su obra. Pero dicen que he escrito lo anterior, porque sería otro más de los lugares comunes, de esos tópicos feministas que cada día que pasa y cada vez que se repiten van perdiendo más y más su contenido semántico. ¡No vayamos a caer en las parodias del Rintón de Nóside! (De quien ya hablamos). Lo que hacen las mujeres ahí está, igual que lo que hacen los hombres, para ser estudiados por todos.
Y para terminar un epigrama de un poeta, quizá Meleagro, a Erina y sin comentarios. Cada quien saque los suyos.

A Erina, la abeja virgínea que flores libaba
De las musas, la más joven de los poetas,
Plutón la raptó como esposa. Razón tuvo en vida
La niña al decir: “Envidioso eres, Hades”.

La experiencia literaria. Núm 6-7, marzo de 1997- Facultad de Filosofía y Letras – Colegio de Letras – Universidad Autónoma de México.

4 comentarios:

  1. Tu forma de analizar y de realizar la crítica a los escritos es muy interesante.
    Tengo un nuevo espacio en mi vida y esto me ha llevado a escribir. Trabajo en un libreto para televisión, lo que genera grandes pasiones en mi.
    Tu profesión y tus logros son admirables. Me gustaría leer lo que escribes.
    Estaré pendiente de tu blog, me enseña mucho. Gracias.

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    1. Gracias, María Cecilia. He entrado poco al blog. Te felicito por tu trabajo. Lo mejor para ti,

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  2. Gracias por tus análisis, ¿podrías adjuntar bibliografía para ampliar conocimientos sobre estas escritoras?

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