domingo, 29 de noviembre de 2009

Gracia Plena



I

Con qué luciérnaga alumbraré tu búsqueda
más allá de mi llanto
de tu cama vacía en donde aún
tus manos me traen ese aroma de magnolias amargas
Afuera el verano continúa
y tus vestidos cuelgan desolados
desde su espera inútil
Aprendí a comprenderte aquella noche
cuando te vi de pronto
desamparada y frágil en brazos de la muerte
Entonces me senté a recibir tu caricia impalpable
a descubrir el nido de tu frente
allí donde se acongojaba la ternura
y me caí de bruces en tu ausencia
Sé que estabas cansada de inventar la alegría
de levantar mañanas por lentos corredores
de ovillar las historias para que al fin el tiempo
no pudiera enredarlas
Sé que ya reclamabas esa almohada invisible
que de una vez por todas acogiera tu pena
Madre afuera es lluvia y sol desvanecido
y hoy mi corazón es igual que la higuera
que se secó una tarde de tanto ya no verte
Tu partida fue el rayo
que partió en dos el mundo
Ahora debo aprenderlo todo sin tu ayuda
comenzar desde cero a descifrar
la fórmula del vuelo
a seguir mis trajines del fuego y la penumbra
La puerta de los días se salió de sus goznes
y ya no puedo madre
volver a colocarla

II

Me acuerdo de ti en tu mecedora
esperando vaya a saber qué cosas
tal vez que los hijos volviéramos del mundo
a apichonarnos debajo de tus rezos
o que de una vez el amor abriera una ventana
en el muro implacable de tu otoño
Y sin embargo
qué bueno era saberte por detrás de la lluvia de las horas
sentir que tus pasos de harina
todavía amasaban ese pan que hoy nos anda faltando
que en tus labios aún guardabas ese beso
como el alero que aprisiona nuestra infancia
y que en el fatigado espesor de tu silueta
todas las lejanías se acercaban
Madre ahora de qué sirven las palabras
si en ellas no me busca tu mirada
y ya no podemos hablarnos por las tardes
porque Dios ha cortado los hilos del teléfono
Porque tampoco puedo calentarme en la brasa de tus muertos
mientras afuera ruge la ventisca
Qué nos haremos madre
desvestidos de tiempo
descalzos de todos tus crepúsculos
Qué nos haremos madre sin tus manos
que hoy no pueden salvarnos de tu ausencia

III

Yo no sé quién te mece en tu cuna de tierra
ni si alguien va avisarte que ya es tarde
y tienes que planchar los almidones
Quizá en la eternidad tu mesa esté tendida
y me invites a quedarme con esa voz de sirena
que ha perdido su reino de corales
O tal vez estés oyendo tu radio
antes que te desvele la tristeza
o esperes que de nuevo con el alba los ángeles te pongan la sonrisa
para que no nos extraviemos en la niebla
Cómo escuchar de nuevo aquella frase
con que me arropabas en las despedidas “Adiós hijita, cuídese”
Cómo andar desde ahora cargando con mis nuncas
Igual que cuando era una niña hoy quisiera cuidarte
como aquella lejanísima vez de tu desmayo
cuando con mi estatura de muñeca peleaba con la abuela
para ser sólo yo quien te atendiera
Así quisiera hoy alejar a la muerte de tu lado
y luego que hayas vuelto
a tu falda de cielo coser mi corazón

IV

En papeles de Gloria escribes ahora tus recuerdos
Aquellos de tu juventud cuando eras tan firme y tan serena
como las montañas que vigilaron nuestros juegos
y en la rama paciente de tus horas
llegaban a cantar todos los pájaros
Todavía tu pan me restituye
la fuerza para andar buscando el día
y la hospitalidad abierta de tu pecho
es morada donde refugio mis derrotas
Todavía en tu aroma me arrodillo como aquella piadosa adolescente
que ahora anda a los tumbos por la ausencia
tratando de encontrarse en tus perdones
Madre juguemos de nuevo al Vuela vuela
o envuélvenos el sueño en tus Benditos
Estoy ante tu puerta ya cerrada
y es de noche y hay frío y hay llovizna
Atiéndeme no tardes madre mía
es tu niña asustada quien te llama




Coral en la tiniebla- Torres Agüero Editor

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